Café
-¿Ves este espiral con final apuntando hacia la derecha? –se esmeraba en explicar la vidente ante la mirada incrédula de su la visitante- Te obsesiona alguien ausente…
-Ajá -murmuró Juliana con un escepticismo intencional, que sin embargo no quebrantó la serenidad ni la concentración de la vidente.
-Esto de acá es un túnel –murmuró- Se acerca un encuentro inesperado, aunque…
-¿A quién estás buscando niña? –dijo arqueando la ceja izquierda.
-No lo sé, dígamelo usted -soltó ella con un tono casi de burla, lo que terminó por desatar el disgusto de Carmen, su amiga, confidente y autora intelectual de la visita a La Turca. Hasta ese momento Carmen se había mantenido en silencio, reprimiendo su incomodidad por la actitud de Juliana pero esto fue el colmo:
-¡No seas incrédula y sobre todo, no seas grosera! Vámonos. Discúlpala Samira, discúlpame a mí por traerla… Qué vergüenza -masticó entre dientes mientras se ponía de pie.
-Encontrarás lo que necesitas, más no lo que buscas –agregó la mujer de aire místico levantándose de la silla- A veces uno son dos. Está escrito que aquello que Dios une por su voluntad, aún antes de ver la luz, el hombre no puede separarlo sino con la muerte- La Turca hizo otra pausa mientras Carmen tomaba del brazo a Juliana y la levantaba de la silla.
A estas alturas Juliana estaba a punto de soltar la carcajada y no atendía a las palabras de Samira, quien por cierto no era turca sino nacida en Líbano, pero para Carmen no había ninguna diferencia: “Toda esa gente –decía- tiene un aire místico, un no se qué en la mirada, como si vieran más allá de la vida y la muerte”. Por eso la bautizó La Turca , y desde que le predijo que se casaría con un hombre rico antes de los 28 años, Carmen le tomó fe. Por eso, cansada de ver a Juliana buscando “a su otra mitad”, como decía ella, le insistió y le insistió hasta que por fin aceptó venir a verla. Ahora se sentía completamente arrepentida por la actitud de su amiga.
-Tienes que estar atenta a las señales niña –dijo la adivina ya desde la puerta de la casa en Colinas de Los Ruices-. Dentro de siete semanas abre tus sentidos. Alguien que te quiere te ayuda. Mira a los ojos, observa con atención.
Mientras caminaban hasta la parada del autobús, Carmen no le habló a Juliana, que por el contrario iba repitiendo con sarcasmo algunas de las predicciones de Samira. Detrás de ellas se iba alejando el cerro El Ávila cuya cima quedó parcialmente cubierta por una nube alargada y blanca desde la urbanización El Marqués hasta donde alcanzaba la vista.
Me gustó el blog, saludos,
ResponderEliminarJD
En verdad que me parece interesante la historia por ahora. Creo que tal como Juliana yo me identifico como el tipo de persona que encuentra humor en lugar de seriedad cuando se trata de aquellos que son clarividentes de profesion.
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